“Jiennenses en el Congo”

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Un maestro sentenció: Si la piedra dijese: “una piedra no puede construir una casa”, no habría casa. Si la gota dijese: “Una gota no puede formar un río”, no habría océano. Si el grano dijese: “Un grano no puede sembrar un campo”, no habría cosecha. Si el hombre dijese: “Un gesto de amor no puede salvar la humanidad”, nunca habría justicia, ni paz, ni felicidad sobre la tierra.

Si buscamos en internet el blog: “Jiennenses en el Congo”, no nos encontraremos con uno de esos programas de moda en la televisión sobre españoles que viven en el extranjero, es en realidad el blog que utilizan para contarnos su día a día nuestros amigos: María Luisa, Alfredo y la recién nacida Candela, una familia profundamente convencida de que un gesto de amor puede transformar la humanidad. Y es por eso que dejaron su ciudad, su familia, su trabajo, sus amigos… para irse a casi 5.000 kilómetros de distancia a poner su granito de arena en esa tarea de hacer un mundo mejor.

Este joven matrimonio es “de Jaén de toda la vida”, Alfredo estudió arquitectura; María Luisa Educación Social y Pedagogía. Desde que eran novios comenzaron un largo proceso de formación y discernimiento junto a los misioneros de la Consolata, que culminó con su envío a Isiro, una pequeña ciudad del Noreste de la República Democrática del Congo, en pleno corazón de África.

Todos sabemos de la importancia de la educación, de hecho seguro que todos insistimos a nuestros hijos e hijas en que estudien para “ser alguien” el día de mañana. Pues para que los países empobrecidos construyan un horizonte de esperanza es fundamental. Por eso la principal misión de MªLuisa y Alfredo, que no la única, es dirigir la “Maison Père Oscar”, una residencia para que los universitarios sin recursos de las zonas rurales, que son muchos, puedan continuar sus estudios.
A los 6 meses de estar allí nos contaban sus vivencias:

“¡¡¡Ya han pasado 6 meses desde que vinimos!!! Y parece que llegamos ayer… pero también tenemos la impresión de llevar aquí toda la vida.
Estamos muy bien. Muy contentos e intentando interiorizar muchas cosas… es todo tan diferente… y en el fondo tan parecido… porque el barro con el que trabajamos es siempre el mismo, y estés donde estés hay que limar por los mismos lados.
La gente nos ha acogido muy bien, y aunque siempre te descubres diferente en los ojos del otro, nos sentimos en casa, en familia. Los estudiantes con los que vivimos nos ayudan a conocer la realidad y nos van introduciendo con cariño.
Ahora nos sentimos un poquito más capaces de contaros lo que se vive por aquí. Aunque nuestra visión lógicamente, está deformada, nosotros no sabemos lo que es dormir en una casa de barro, ni comer una vez al día, no sabemos qué se siente al saberte enfermo y sin medios para acudir al hospital… y sobre todo, lo que resulta un reto a nuestra concepción de progreso constante y lineal, es comprender qué se siente al vivir una involución como la que ha vivido y sigue viviendo este país, en todos los sentidos. ¿Cómo se puede convivir cotidianamente con la rabia de saberte rico y expoliado? Es llamativo que cuando saludas preguntando ¿Qué tal? nadie, absolutamente nadie responde “Bien”, siempre “No va mal”.
Sabemos que lo importante es estar aquí, estar, charlar, compartir con los estudiantes… Nos queda la tarea de caminar, caminar por los barrios, conocer la gente más de cerca… intentar romper la barrera que nos marca el color de la piel (que es enorme, más de lo que podíamos imaginar). En fin,, que estamos muy a gusto, muy contentos. Con las dificultades propias del medio y de la miseria que vive mucha gente, pero para eso estamos aquí, para intentar mostrar otros caminos más dignificadores, más evangélicos… y sobre todo, para crecer como cristianos, como personas y como familia.”

Estas serán sus segundas Navidades congoleñas, unas Navidades con calor, sin luces de colores, sin compras, con mucha austeridad… pero sin duda no las olvidarán nunca, son las primeras con su hija Candela que nació el 7 de octubre, tras los nervios lógicos llegó la alegría, la felicidad, el sacramento, el testimonio, la vida, que han decidido vivir en el Congo…
El niño Dios nace y seguirá naciendo este año con seguridad en el Congo, en el corazón de muchos de los jóvenes con los que comparten día a día su vidas y su entrega.

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Una respuesta a “Jiennenses en el Congo”

  1. JOSE MARIA dijo:

    UN APLAUSO a esa linda familia de María Luisa, Alfredo y la pequeña Candela. Ojalá que vuestro fuego cunda…!!!

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