DESDE LAS COSTAS AFROESMERALDEÑAS

Hoy nos comparte su misión y compromiso Luis Fernando Criado, sacerdote de Jaén, sensible desde siempre a las distintas realidades que llegaban a Jaén desde África y Latinoamericana, convencido profundamente que su sacerdocio debe ser servicio a los más necesitados.
En 1993 viaja por primera vez a misiones y trabaja nueve años en la arquidiócesis de Portoviejo, ahora desde Esmeraldas, la provincia verde en Ecuador nos acerca su misión:

“Queridos amigos de Jaén:

Quiero contaros algo de esta misión en la que vivo.
Son ya casi tres años los que va a cumplir el compromiso de nuestra iglesia diocesana con el Vicariato apostólico de Esmeraldas en Ecuador. En enero de 2008 tuve el privilegio de poner pie en estas tierras, enviado para iniciar un trabajo pastoral en la parroquia María Madre de Gracia de Rocafuerte. Digo un privilegio porque ser llamado por el Señor a través de su Iglesia para llevar su Buena Noticia es una alegría grande y un don.

Al llegar aquí me encontré con una realidad que era totalmente diferente a lo que ya conocía en Ecuador en años anteriores. La pobreza es mayor y eso se manifiesta en todos los ámbitos: alimentación, vivienda, educación, trabajo, etcétera. Las gentes tienen otra cultura, historia y raza diferentes, son afrodescendientes y su acercamiento a la fe y a la iglesia también es distinto a lo que habíamos vivido el equipo de Jaén en la otra provincia costera de Manabí.

Rocafuerte es un pueblo de pescadores situado a la orilla del océano Pacífico, un pueblo que ha crecido rápidamente en los últimos cincuenta años, tiempo en el que se formó la primera parroquia eclesiástica. La mayor parte de la gente vive de la pesca artesanal, es decir, una pesca rudimentaria con la que consiguen apenas para cubrir las necesidades más básicas de su familia. Es un pueblo creyente que acepta con agrado el mensaje de la fe aunque después no implique para la mayoría de ellos un compromiso y una moral muy definidas. A la atención habitual del centro parroquial de Rocafuerte, que cuenta con unos cuatro mil habitantes, en nuestra labor se añade la atención a las múltiples comunidades que se extienden por los más de 1.400 kilòmetros cuadrados del Cantón Rioverde, cantón que vendría a ser como una de nuestras comarcas.

El trabajo en las comunidades se centra sobre todo en la animación de la vida cristiana de la comunidad. Esa animación se hace normalmente a través de una o varias personas líderes que son las que congregan a la comunidad, organizan la catequesis, y presiden las celebraciones. En contacto con ellos es como organizamos nuestras visitas donde tomamos el pulso de la vivencia que se está llevando a cabo, celebramos los sacramentos y conocemos más de cerca sus inquietudes y problemas. El guía de comunidad, junto con los catequistas, son los líderes que cada tres meses aproximadamente vienen al centro parroquial para adquirir una mayor formación en la fe. Con ellos pasamos varios días de convivencia, de estudio y oración que suponen momentos álgidos de la vida parroquial.

El acercamiento al Señor a través de la Iglesia es para estos pueblos fuente de vida y esperanza. La palabra de Dios es guía que marca un norte a una población muchas veces perdida en un mundo donde tantos valores han desaparecido a causa de la corrupción, la pobreza o la falta de atención por parte de autoridades, instituciones y gobiernos. La presencia de la Iglesia cercana, que los acompaña, que es solidaria, es verdadero sacramento del amor del Padre. Por eso a menudo se ve en la iglesia una tabla de salvación considerada como autoridad que media, ayuda, aconseja y tiene la capacidad de reunir y unir a la gente.

La labor nuestra como misioneros es muy amplia pues aparte de los que es el trabajo habitual de un sacerdote que preside la celebración de los sacramentos y predica la Palabra, se trata de estar cerca de este pueblo sufriente, apoyando en la solución de los problemas que se pueda, aconsejando y proponiendo caminos a un pueblo que necesita y escucha con respeto al misionero porque tiene la conciencia de que está allí para servirle. No en vano, cuando ya llevas un largo tiempo por aquí, te das cuenta que el hecho de que te llamen “padre” es algo más que un apelativo cualquiera y que forma parte de esa vivencia que ellos tienen y que esta iglesia se ha ganado optando por acompañar de cerca a los pobres como fruto de su seguimiento a la llamada del Maestro Jesús.”

Desde “Nuestra Misión”, esta misión de todos los jiennenses, queremos seguir mirando al Sur, aprendiendo y acompañando a nuestros misioneros y misioneras. Hasta la próxima semana.

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Una respuesta a DESDE LAS COSTAS AFROESMERALDEÑAS

  1. JOSE MARIA dijo:

    Gracias por este gran testimonio, tan alentador en estos tiempos tan guiados por el dinero y el consumismo, la competitividad y el pasotismo.

    Un abrazo solidario, José M.

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