Esas manos que nos unen

Esta semana en algunas escuelitas y en las misas dominicales nos han invitado a colaborar con Manos Unidas, esa asociación que año tras año nos acerca a las realidades del Sur; sobre todo al problema del hambre en el mundo, un problema solucionable, pero que no se arregla por la falta de caridad de quienes gobiernan nuestro mundo.
Nosotros queremos partir una lanza en su favor y compartiros desde el otro lado, todo lo que los misioneros podemos servir y realizar con el apoyo de Manos Unidas.
La primera vez que acudimos a esta ONG fue para pedir un proyecto que daría la luz a seis comunidades en la cordillera andina, en la provincia del Azuay en el Austro ecuatoriano. Era un proyecto complejo, pues no había carreteras por donde llevar los postes de la luz o acceder a la mayoría de los sectores. Trabajamos juntos y coordinamos su ejecución junto a las comunidades de la parroquia de San Rafael de Zharug y la empresa eléctrica de la provincia del Oro. Esta empresa a pesar de no ser de nuestra provincia era la que tenia el tendido eléctrico mas cerca de nuestras comunidades o sectores.
Gracias a su apoyo pudimos reunirnos con los dirigentes y las familias de doce pueblitos. Teníamos claro que la ayuda era para seis comunidades nada más, pero también sabíamos que nadie conocía los senderos y las montañas como ellos. Si alguien podía trasladar los postes de la luz eran ellos y cada rubro que ahorrábamos al proyecto inicial supondría llegar con la luz un poquito más lejos.
También decidimos entre todos que cada familia pusiese una cantidad para ayudar a que la luz fuera una realidad y aquellas familias que por su pobreza no pudieran pagar las cuotas ayudarían con jornales de trabajo. Fue un proceso lindísimo, nos reuníamos todas las semanas en torno a la palabra de Dios, celebrábamos y compartimos todas las novedades del trabajo, de la organización de las ayudas a las familias con enfermos graves y que no podrían aportar,…ese proyecto construyó comunidad, nos unió, los de los pueblos más lejanos eran los primeros en llegar cada día al trabajo y esa semilla de solidaridad de Manos Unidas consiguió que una vez acabado y justificados los gastos, con el aporte de los habitantes de las comunidades y el trabajo de todos, dos años más tarde aún se estuviese dando luz a las dos últimas aldeas. Fueron un total de catorce pueblos a los que llegó la luz; uniendo a la generosidad de Manos Unidas y de todos los que colaboráis en su campaña, la solidaridad y el trabajo gratuito de esas comunidades campesinas organizadas en torno a su fe.
En Riochico, en la provincia de Manabí, con su semilla se construyó y creó un instituto para que los adolescentes no tuvieran que viajar a recibir su educación; un centro donde se aplica una enseñanza amplia, donde se combinan los procesos académicos formales con el aprendizaje de oficios manuales prácticos, donde según la vocación personal de cada joven se puede seguir estudiando en la universidad o concretar su aprendizaje en una profesión práctica…
Proyectos de salud, de promoción de la mujer, de producción agropecuaria, de construcción de pozos y riego, de saneamiento ambiental, de agua potable,… Es de admirar su vocación de tender puentes, de acompañar los procesos, de promocionar lo más débil; en definitiva de querer construir, con vuestra ayuda, un mundo mejor.
Desde estas líneas damos las gracias a esas Manos Unidas, que sin darse a penas cuenta, allá son unas Manos que nos Unen. Hasta la próxima semana.

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