En comunión

Hemos recibido esta experiencia del sacerdote Andrés García Fernández que desde la distancia quiere estar en comunión con nosotros y todos los que sentimos el gusanillo de la Misión. Desde la República Democrática del Congo os compartimos sus vivencias

Hace muchos meses, caminando por las calles de Jaén, un amigo me pedía que mantuviera la comunicación para compartir paso a paso los senderos de nuestra misión entre los mbuti del territorio de Wamba en la República Democrática del Congo.

Así quedamos, y yo me propuse mantener el contacto con los amigos de Jaén, en la medida de lo posible. Hoy, después de muchos meses, consigo un espacio para haceros llegar algunas pinceladas de nuestra realidad.

Lo primero que se me ocurre contaros es que estamos aislados en Bayenga (así se llama el pueblo donde está la sede de la misión donde vivo ahora). No tenemos acceso normal a los medio de comunicación.

Aun así nos sentimos en comunión con vosotros, nuestros familiares y amigos, con nuestra familia cristiana que, aunque perseguida por los medios de comunicación y por algunos políticos, continúa en el seguimiento de Jesucristo, que está hecho de caídas y de triunfos, de debilidad que suscita solidaridad, de faltas que suscitan misericordia…

Pronto descubre quien sigue a Jesús que la nuestra no es una comunidad de perfectos sino de personas sencillas que buscan luz, vida, felicidad, verdad, amor, solidaridad, paz,… y que para ello están dispuestos a olvidarse de sí mismos y de sus propios intereses.

Sí, la vida y la misión son el tiempo de los intentos y como canta Silvio Rodríguez: debes amar el tiempo de los intentos, debes amar la arcilla que hay en tus manos… Caerse y levantarse, intentarlo de nuevo, esperar, creer, amar…

Acompañando al pueblo pigmeo, habituado a la itinerancia, un pueblo vitalista, sin jerarquías, que se deja guiar por la naturaleza, por el ritmo de las estaciones y por la presencia de sus presas, uno recuerda esa invitación a esperar, a amar, a creer…

Son numerosos los conflictos que surgen en los tentativos de cohabitación pigmeo-bantú: relación vertical que roza la esclavitud y que nosotros llamaríamos fácilmente explotación del débil (pigmeo) por el fuerte (bantú), relación en la que el robo y la mentira están presentes a menudo -diríamos nosotros-.

Muchas veces uno se siente decepcionado, abatido, indignado… Siempre asombrado de la capacidad de restablecer las relaciones entre ellos. A veces pienso en los niños y en su capacidad para enfadarse y para volver a ser amigos y seguir jugando…

Sí, uno no entiende la capacidad de perdonarse y de reconciliarse que tienen las personas con las que convivimos. En todo caso, son un testimonio de misericordia para quien los conoce. Son testigos de intentos de comunión y de convivencia pacífica.

No son especialistas en desarrollo, no. Ni los unos ni los otros. Uno se pregunta a veces si ven la necesidad de organizar su sociedad, su economía, sus tradiciones, su modo de curar las enfermedades, su arquitectura de otro modo…

Ahí vamos por ahora, ocupados en descubrir siempre nuevas facetas del paso de nuestro Señor en las personas y los pueblos, para amarle más en ellos y poder compartir esta Buena Noticia con todos.

Un abrazo, Andrés

Pues hacemos nuestras las palabras de Andrés y os animamos a compartir la Buena Noticia que es la que anima a todos los misioneros del mundo. Hasta la próxima semana.

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