CREER EN LA PROVIDENCIA

Queridos lectores de “Nuestra Misión” hoy queremos haceros llegar la segunda entrega de esta carta llena de ilusión y compromiso. María Luisa Picón, Misionera del Sagrado Corazón de Jesús nos relata su día a día en Haití y cómo desde la parroquia se organizan para llegar a los más pobres.

Económicamente, desde nuestra llegada a Haití, en el año 2002, hemos vivido de la Providencia. Nadie nos paga, ni nosotras hemos hecho proyectos para nuestra subsistencia. A veces, recibimos donativos para la Comunidad y de algunos de los que llegan para la misión, sin objetivo especial, separamos el 10% como gastos de gestión que entran a lo que llamamos fondo comunitario. Nuestra experiencia es que, dentro de la vida sencilla que tenemos, nunca nos ha faltado nada.
Después del 12 de Enero del año 2010, aunque nuestra misión está muy lejos de donde fue el centro del terremoto y no sufrió consecuencias directas, si ha sido bastante la gente que ha vuelto a sus montañas, porque ha perdido casa, hijos, esposos, esposas, trabajo, con lo que ha aumentado el número de pobres, de niños desescolarizados, de gente sin trabajo.
Como todo lo que se compra en nuestra zona viene de Puerto Príncipe, después del temblor, los precios se han duplicado y lo que antes se conseguía en el mercado, con cierta facilidad, como algún tipo verduras, frutas. . . ahora es muy raro poder comprarlo porque no llega. La vida ha cambiado mucho.
En esta realidad, reunidas con el párroco, hemos visto qué podemos hacer, desde nuestra limitada
situación, en el sentido de que no estamos vinculados a ninguna ONG, no tenemos capital de grandes donaciones, ni entradas fijas. Sí contamos con el dinero que se ha ido reuniendo gota a gota, enviado por amigos, (como ustedes), familiares y algunos grupos parroquiales,…..Todo ello, unido a otro pequeño fondo con el que el Párroco también cuenta para ayudar en operaciones, tratamientos ortopédicos, atención a ancianos que han quedado sin los familiares que desde Puerto Príncipe le enviaban dinero para subsistir en su región, transporte de donaciones para que lleguen de Puerto Príncipe a Bombardópolis, etc.
Hemos presupuestado por un año una cantidad para cada una de las necesidades arriba mencionadas y hemos llegado a todas.
Intentamos hacerlo, de manera que la gente, se convenzan de lo que pueden hacer, con la ayuda que les proporcionamos, después de lo que les ha pasado, evitando que el sentimiento de víctimas los paralice y destruya como personas.

¿Qué pasará cuando termine este plazo? No tenemos ni idea, sólo la esperanza de que Dios continuará moviendo los corazones de muchas personas para que estos, sus hijos, puedan seguir recibiendo la atención básica que necesitan y creciendo en dignidad. Tengo que confesar que hay momentos, cuando nos comprometemos en una colaboración que exige continuidad, como la ayuda al pago del pobre salario que reciben los maestros, que aunque sea muy pobre, debe ser de todos los meses y de un año tras otro. . .me da miedo y pienso: ¿ podremos el año que viene? Pero, pongo todos los medios a mi alcance, para que esta mala idea no coja fuerza en mí.

En general, como he expresado antes, las ayudas que recibimos no las damos nosotras directamente, sino que se hacen por medio del Párroco, que al ser haitiano, lo hace mucho mejor. Aunque colaboramos e influimos económicamente en mucho de lo que se hace en la Parroquia, no aparecemos como protagonistas, sino como trabajando en equipo con el Sacerdote.”

Como veis no hace falta tener mucho para compartir. Si hay las ganas y la fe, los misioneros siempre encuentran los recursos de forma providencial para llegar a las necesidades que se van presentando. Esto lo hemos vivido continuamente en nuestra misión en Ecuador. Desde este espacio mandamos un saludo afectuoso a toda la familia de María Luisa Picón, aquí en nuestro Jaén y nuestra enhorabuena por este testimonio.

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Una respuesta a CREER EN LA PROVIDENCIA

  1. JOSE-MARIA dijo:

    Valioso testimonio. Gracias.

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