EL CORAJE DE VIVR

Pedro Casaldáliga, en la reunión de la Carta de la Tierra celebrada en la Haya el 29 de junio de 2010, donde participaba activamente siempre junto a Mercedes Sosa, cuando todavía vivía, preguntó a Pauline Tangiora, anciana maorí de Nueva Zelanda, cuál era para ella la virtud más importante. Para su sorpresa dijo: «el coraje». Volvió a preguntarle: «¿por qué exactamente el coraje?» Respondió:

«Necesitamos tener coraje para alzarnos en favor del derecho donde reina la injusticia. Sin coraje no se puede llegar a la cima de ninguna montaña; sin coraje nunca podrás llegar al fondo de tu alma. Para enfrentarte al sufrimiento, necesitas tener coraje; sólo con coraje puedes tender la mano al caído y levantarlo. Necesitamos coraje para engendrar hijos e hijas para este mundo. Para encontrar el coraje necesario tenemos que unirnos al Creador. Es Él quien suscita en nosotros coraje en favor de la justicia».

Esa anciana, desde la sabiduría de sus manos encalladas, es capaz de hacernos reflexionar y recordarnos que hasta para amar al débil hace falta coraje, pues ¡cuántos somos capaces de caminar por nuestro Jaén sin “ver” con los ojos del corazón, sin que nos afecte ver las decenas de personas que duermen en nuestras calles! Calles cada vez más mojadas y frías, ante el avance del otoño.

Coraje el de muchos vecinos y vecinas nuestros que han optado por la misión, por renunciar a una vida “cómoda”, a la sociedad del bienestar; y con alegría y constancia regalan su vida. Vida que sin duda alguna es semilla de un mundo mejor.

Coraje para hacer de la opción por los pobres, contra la pobreza y en favor de la vida y de la justicia, una clave desde donde acompañar los procesos de los pueblos, al estilo de como lo hace la Iglesia de la liberación.

Coraje para exigir que se termine con el hambre en el mundo, la especulación de las empresas del sector de la alimentación. La destrucción de excedentes para mantener los precios de mercado, nunca puede estar por encima del derecho a la vida de millones de personas. Coraje para que la ONU intervenga en Somalia, facilitando la llegada de alimentos y medicinas a nuestros hermanos afectados por la hambruna, a pesar de que no sea un país con grandes intereses mineros ni petrolíferos para el resto del mundo.

Coraje para pasar de los sermones y los panfletos políticos, a la construcción de una verdadera comunidad, donde todos nos preocupemos por todos, donde no nos duela tener menos para que todos tengan.

Coraje para enterrar nuestros protagonismos personales y no ser los “chéveres”, ni las ONGs de moda, sino esforzarnos para que desde nuestras capacidades pongamos en común campañas y materiales de sensibilización, líneas de trabajo o denuncia,… y nos apoyemos unos a otros con el único fin de hacer un mundo mejor.

Coraje para poder sentarnos un día y contar a nuestros hijos que encontramos la felicidad, pues de un lado aprendimos a no necesitar nada, a vivir con lo justo y de otro lado aprendimos a compartir, regalar, pero sobre todo a amar a la inmigrante que llega insegura, con miedo y frío, abrazando un niño en su regazo, al adicto en su desesperación y ansiedad, al discapacitado siendo sus pies, sus manos, sus oídos,…, a las personas privadas de libertad, …a nuestros hermanos y hermanas del Sur, a su valor, su seguir adelante de esperanza en esperanza, sin perder ese coraje que les hace caminar.

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