PODEMOS HACERLO MEJOR

Finaliza Octubre, caen las hojas de los árboles y de la mano del mes de Noviembre llegan a nuestra provincia una multitud de rostros, de tez más o menos morena, en busca de unos meses de trabajo digno. Este año no ha sido una excepción y por las calles de los pueblos y ciudades de Jaén cientos de personas buscan, con poco éxito, un tajo donde laborar y ganar el ansiado jornal.

Hace quince años eramos pocos los que salíamos en las noches a su encuentro, intentando mitigar en lo posible el frío de las heladas nocturnas o la humedad de los días de lluvia, regalando un poco de sopa o un “bocata” para aliviar el hambre del día.

Con alegría palpamos que nuestro Jaén sigue siendo a pesar de la crisis un pueblo muy, pero que muy solidario. Cada vez hay más personas sensibles al sufrimiento del inmigrante y surgen espacios de atención y acompañamiento a estos hermanos y hermanas que sufren la desgracia de tener que dejar su tierra y su familia para intentar sobrevivir.

Es desde ahí, desde el situarse o “ponerse en el lugar del otro”, desde donde entendemos sus realidades, sus procesos, sus decisiones y sus padecimientos. Este ejercicio ayuda mucho más que el gimnasio pues te fortalece el corazón y el alma, que son para nosotros sin duda alguna las partes más importantes de los seres humanos. Si nunca nos subimos a una silla de ruedas e intentamos dar una vuelta por nuestra ciudad será imposible comprender las necesidades y limitaciones de las personas con movilidad reducida; así mismo nos pasa con nuestros hermanos que acaban durmiendo en nuestras calles. Nunca olvidaremos el testimonio de Manuel, un sacerdote de Zaragoza que, en su pastoral con las personas “sin techo”, cada día cuando acababa sus misas, agarraba su saco de dormir y pasaba la noche durmiendo con un grupo distinto de personas que se encontraban en la calle. Él nos contaba: “si no pasamos un par de noches de ayuno, frío y lluvia junto a ellos, seremos incapaces de encarnarnos, de estar a su lado, de amarlos, pues siempre nos acercaremos desde nuestras seguridades”.

Es así, podemos hacerlo mejor, pero para que nos nazca del corazón abrir desde el primer momento los albergues, tanto las instituciones públicas como privadas, necesitamos como decía el padre Manuel: “estar más cerca aún de la calle” y desde la vivencia personal nos coordinaremos con quien haga falta, nos ayudaremos y complementaremos, invitaremos a otras personas a implicarse, alquilaremos una nave si es necesario, pero no diremos tonterías como: “peor viven en sus países” o “aún no hay muchos” o “esta no es nuestra competencia” o “ya se les dijo que no hay trabajo”… tantas cosas que si las pensáramos e interiorizáramos desde el silencio y la reflexión personal quizás las expresaríamos de otra manera.

Comienza Diciembre y el otoño poco a poco dará paso al invierno y con él a la Navidad, muchos adornaremos un rincón con figuritas representativas para recordar el nacimiento de Jesús. Quizás deberíamos tener presente que la familia de Belén también fue inmigrante, que tuvo que huir de su tierra y necesitó cobijo y abrigo. Y ese mismo niño, cuando creció y nos intentó enseñar a vivir en clave de amor, nos dijo que hiciéramos como ese buen samaritano que acogió al caído y herido, sin mirar a qué institución le correspondía hacerlo o si había subvención europea por dar la mano. Feliz día y nos vemos la próxima semana en Nuestra Misión.

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