¿HAY NAVIDAD CON LA CRISIS?

En nuestro mundo occidental cada vez más se ha asociado la navidad al consumo. No parece posible una verdadera navidad sin regalos, sin comidas de empresa y familiares, sin fiestas donde dar culto a los sentidos.
Aceptamos mejor todo lo que viene de fuera, las costumbres de otros sitios se imponen igual que la crisis. Papa Noél con su trineo cada vez roba más espacio a los ancianos Reyes Magos, cansados de cabalgar sobre los camellos. Es verdad que en casi todas las casas se sigue colocando el belén tradicional, el árbol de navidad y los adornos multicolores. Son tradiciones que aún nos se han perdido, como los dulces típicos de estas fechas o los villancicos. Todo ello hace referencia a la historia de un tal Jesús que un día nació en un pueblito llamado Belén.
Nosotros en este tiempo de crisis económica nos preguntamos cuál es el verdadero espíritu de la navidad. ¿Qué es lo que queda de ella si le quitamos los envoltorios, los lazos, los adornos? Cómo podemos celebrar la navidad una vez más si no podemos consumir, si las cuentas no nos cuadran, si no nos llega el dinero a fin de mes, si no hay comida de empresa porque hace tiempo que no hay trabajo. En estas fechas recordamos mucho el tiempo que vivimos en Ecuador y la sencillez con que las familias celebraban el nacimiento de Jesús. Tenemos que aclarar antes que nada que este país como muchos otros de nuestro planeta están en crisis permanente, que ésta no les está afectando de manera especial porque para ellos es llover sobre mojado. El espíritu navideño se refleja allí en la alegría de los niños, pues aunque pocos reciben juguetes en estas fechas (ni Papa Noel ni los Reyes Magos pasan por esta ruta) saben que es un tiempo especial donde la familia se reúne y hay vacaciones en la escuela. La novena del Niño convoca a los vecinos todas las noches, se reza, se reflexiona sobre la vida y sus problemas ( casi siempre urgentes) y se comparte lo que se tiene. La fe impregna estos días y eso es lo esencial. Una fe que tiene en cuenta el compartir desde la pobreza, el visitar al que está solo en estas fechas, el abrir el hogar al que llega de lejos, el dar consuelo al enfermo… También había caramelos en navidad y sólo eso hacía felices a nuestros niños del Hogar de Belén, todos ellos marcados por el abandono, la violencia, la falta de oportunidades, de afecto. Eran días en que muchos familiares les visitaban, esa era la mayor alegría para nuestros niños ver a sus padres, madres o abuelos que se habían desplazado desde lejos. También hemos conocido allá gente que sin embargo vive muy bien, Ecuador es uno de los países con mayor desigualdad del mundo. A estas personas no las podemos meter en el mismo saco pues hemos conocido entre ellos a gente muy, muy generosa que abría su corazón y sus bienes a los demás. Es verdad que son pocos, pues las cosas materiales no sólo ocupan un lugar físico sino que roban espacio en el corazón y no dejan sitio para el hermano.
El caso es que estos países empobrecidos, con sus grandes contrastes y contradicciones aún se conserva el verdadero espíritu de la Navidad. Todavía hay niños, como Jesús, que nacen en lugares pobres, aún hay personas que son Reyes Magos para otros, hay pobres pastores que desde su pobreza y marginación comparten de lo poco que tienen, hay persecución y personas que dan cobijo, padres y madres que hacen verdaderos milagros para proteger y cuidar la vida de sus hijos en la precariedad.
En este tiempo que nos está tocando vivir, en nuestro Jaén, estamos conociendo familias que cada vez tienen más dificultad para sacar a los suyos adelante. Ojalá la crisis que tantas cosas nos está quitando nos devuelva al menos ese espíritu de Amor que fue el origen de la primera Navidad y que no se vende en ninguno de los comercios que en estos días engalanan con sus luces la ciudad. Un espíritu que nos pone gafas para ver las necesidades de los que tenemos cerca y nos hace sentir su dolor. Es un misterio, pero Dios quiso ser pobre, débil, vulnerable; quiso nacer y vivir en crisis.
Desde aquí el deseo de que la crisis nos traiga una verdadera navidad. Una Navidad feliz donde podamos integrar a todos en el Belén.

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