Carlos Moreno: “LA FE EN ESMERALDAS ES UNA FIESTA”

Este año lo empezamos en “Nuestra Misión” compartiendo con vosotros el testimonio de Carlos Moreno Galiano, sacerdote de treinta dos años, natural de la Iruela. El último de sus seis años de sacerdocio lo vivió en Esmeraldas, en la misión diocesana que la diócesis de Jaén tiene en Ecuador. Antes de marchar a este país trabajó cinco años en la parroquia de Los Villares compaginando esta tarea con las de ser capellán del Hospital Doctor Sagaz y Viceconsiliario del Movimiento Scout.
Ha tenido inquietud por las misiones desde hace tiempo, comenta que le impactó el Congreso Misionero al que asistió en el 2003 en Burgos . Desde que partió el sacerdote Luis Fernando Criado a Ecuador a la misión diocesana, le cautivó la idea de partir a misión. Al obispo le comunicó su deseo de poder participar en esta tarea. Se dio la oportunidad cuando regresó a Jaén el sacerdote Emilio Samaniego y hacía falta un sacerdote que acabara el compromiso que él había adquirido y que no pudo concluir por no encontrarse bien de salud. Partió para Esmeraldas, parroquia de Rocafuerte a cumplir ese compromiso. Él sabía que iba para un año pero albergaba la esperanza de estar más tiempo. Cuando llegó otro sacerdote de Albacete a la misión, el obispo lo llamó para que regresara pues aquí hacían falta sacerdotes.
Nos cuenta que el trabajo en Esmeraldas es radicalmente distinto al que estamos acostumbrados a realizar como iglesia y como organización de comunidades. Rocafuerte es una parroquia inmensa, con más de 150 km2 de extensión, donde hay costa, selva y campo. Es una zona muy poco evangelizada, apenas cincuenta años de evangelio que se ha extendido en este tiempo gracias a catequistas y a los guías de las comunidades. “Allí no se empieza la tarea desde cero sino que se asume una tradición cristiana. Llegué y me inserté en un trabajo que ya se estaba haciendo. Hay aproximadamente unas ciento cincuenta comunidades (aldeas), algunas a un día de camino del centro parroquial. Al llegar asumo las tareas de Emilio, allí se distribuye el trabajo para poder hacer un seguimiento y atender mejor. La experiencia es muy bonita, es otra forma de vivir la Iglesia.”
Cada tres meses en la parroquia se hacen los encuentros de guías y catequistas. Esta tarea le ha gustado mucho pues es un espacio de animación y formación de los líderes de cada comunidad. Se hace también la agenda de trabajo con ellos. Le llama la atención la corresponsabilidad que se da en el ámbito eclesial, las personas que dirigen cada comunidad se sienten responsables de la misión evangelizadora. Para él ha sido sorprendente ver que esto es real cuando aquí todavía cuesta tanto entender esto. Allí la gente que se compromete lo hace con mucha entrega y generosidad.
Sin embargo también se sufre un choque cultural: la sociedad es desorganizada, hay falta de organización, de compromiso a lo largo del tiempo. Es una sociedad bastante acomplejada, son descendientes de esclavos africanos y han vivido la marginación, por ello se sienten inferiores a otros pueblos. La situación geográfica está también en contra, pues el estar cerca de la frontera con Colombia hace que Esmeraldas sea un lugar donde hay mucha mafia por el contrabando, se vive con miedo. Hay una violencia establecida y se viven diariamente situaciones de inseguridad, secuestros, atracos…
Nos cuenta Carlos que su trabajo ha sido más de compartir, no tanto de hacer las cosas. Le ha enriquecido mucho el conocer otra realidad, le ha enseñado a relativizar. Nos dice que muchas personas viven un drama con el que se podría escribir una novela. Los rostros de la pobreza se ven en cada rincón: en los niños que no tienen familia o está desorganizada, que viven en la calle y no tienen atendidas sus necesidades básicas, en los jóvenes con preparación y valores pero sin medios para salir adelante, sin esperanza, con muchas heridas que les marcan, sin raíces.., en las niñas y chicas violentadas en su entorno familiar y que abortan en condiciones durísimas, en los hombres pescadores que son incapaces de salir de su situación de pobreza y son esclavos del alcohol, en los enfermos y discapacitados que viven en el suelo de sus cabañas.. Sin embargo hay razones para la esperanza. Son personas que siempre te reciben con una gran sonrisa y viven la alegría del encuentro, tienen una capacidad muy grande de superación, de asimilación del drama, saben afrontar las dificultades y siguen luchando por la vida, acogen muy bien las enseñanzas tanto de los mayores como de los misioneros. Para ellos la vida es una fiesta y también la fe.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Nuestra Misión. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s